
Así como existen las plantas enamoradas del muro, existen las chicas enamoradas del piso. Esa soy yo. De adolescente, tomé la costumbre de tirarme al piso a meditar
y desde entonces nunca la abandoné. En invierno uso una manta roja que me robé de un avión, en verano no uso nada y el frío de las baldosas me estabiliza el carácter.
Me gusta escuchar mis discos acostada en el piso, y esto no es un signo de abatimiento:
desde aquí la música es un flash!
Desde el piso veo los muebles desde otra perspectiva,parecen más modernos o más antiguos, parece que los hubiera comprado recién.
Cecilia Pavon
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